Archivos para AC/DC

Gracias, AC/DC, oh dioses del rock! (2/2)

Posted in música with tags , on abril 14, 2009 by PezMutanT
(Continuación de la primera parte del artículo)

Y llegó el momento! Las luces del BEC comenzaron a apagarse de nuevo, paulatinamente, de una en una, aumentando así la sensación de euforia porque toda espera había concluído. La emoción invadía a todos los asistentes, incapaces de contener sus gritos de júbilo ante lo que se avecinaba.

Cuando la última fila de focos fue apagada, comenzó sobre la pantalla gigante la proyección de una genial mini-película de animación salpicada por un humor picante, así como por la aparición de los caracteres representativos de los miembros de la banda. En ella se narraba el trayecto de un peculiar tren, plagado de bellas jovencitas ligeras de ropa y con un Angus Young alimentando incesantemente la caldera. Los imaginables alaridos de la muchedumbre que llenaba el BEC cada vez que el dibujo animado del guitarrista hacía acto de presencia en pantalla, no hacían sino aumentar la sensación de ansiedad por que todo diera comienzo de una vez.

Así, tras los 2 ó 3 minutos de duración del cortometraje, el tren virtual chocaba frontalmente contra la pantalla, desembocando en un espectáculo pirotécnico sobre el escenario y unas llamaradas que acaloraron aún más las primeras filas. Al mismo tiempo y ante el delirio de las masas, la pantalla se dividía en dos dejando emerger desde el fondo una enorme y espectacular escultura de una máquina de tren, a la vez que el grupo hacía aparición con un Angus Young asomándose tímidamente a la pasarela y rasgueando el riff inicial de Rock N’ Roll train, primer single y tema estrella del álbum Black ice.

Hay que recalcar que las sensaciones que recorren el cuerpo de un fan de AC/DC al contemplar todo esto en menos de 10 segundos, son absolutamente imposibles de plasmar en palabras.

Una vez la fiesta comenzada, nuestras gargantas sufrieron su primer impacto severo coreando el “Running right off the track” del estribillo y nuestros ojos no daban crédito a lo que presenciaban: un Brian Johnson con su usual atuendo consistente en pantalones vaqueros, chaleco negro y, cómo no, su gorrita negra de la que no se despojó durante todo el concierto; y qué decir de Angus, con su mítico uniforme de colegial y su aclamado ‘duck walk’ con su Gibson SG a cuestas… Los otros tres componentes permanecían en sus respectivas ubicaciones sin ofrecer tanto espectáculo como los dos primeros, algo que por otra parte, suele ser habitual en las actuaciones de los australianos.

Los dos primeros temas supusieron un infierno (un maravilloso infierno) para los que nos encontrábamos cerca del escenario. Paradójicamente, tuvo que ser Back in black la que llegó en tercer lugar para apaciguar la enardecida multitud con su tempo más pausado, permitiéndonos tomar algo de oxígeno.

A partir de aquí, se sucedieron una cantidad considerable de canciones del último disco intercaladas con una cantidad todavía mayor de temas legendarios, tan legendarios como todos los momentos quedarán grabados en mis retinas para siempre: esa muñeca hinchable abarcando todo el ancho del escenario durante Whole lotta Rosie, esa campana descendiendo lentamente desde el cielo para que Brian Johnson se columpiará de ella preludiando Hells bells, las manos que muchos nos echamos a la cabeza observando el solo de Angus Young durante más de 10 minutos revolcándose por el suelo y recorriendo todo el decorado (plataforma-ascensor incluída) haciéndonos olvidar por completo sus 54 años… casi nada.

Tras Let there be rock, la banda hizo un merecido descanso para volver con más fuerza con un bis de lujo. Y es que ninguna banda puede presumir de ser capaz de regresar a los instrumentos con Angus Young emergiendo desde el suelo en el centro del escenario rodeado de humo y sacándose de la manga un acorde de La Mayor dando paso a Highway to hell. El público, sabedor de que aquello llegaba a su fin, no dudo en dar todo lo que le quedaba en las dos últimas canciones, ya que la apoteosis de Highway to hell se prolongó en forma de For those about to rock, momento en el cual asomaron al escenario seis impresionantes cañones que hicieron estremecerse cada alma del recinto a las repetidas señales de “Fire!” que se suceden a lo largo de la canción.

Y así, entre cañonazos, fue como AC/DC se despidieron y dieron por finiquitada la noche. La sensación general fue la de haber asistido a un espectáculo que posiblemente no se repita en nuestras vidas. Y sí, muchas canciones las tocaron medio o un tono por debajo de como fueron concebidas, algunas otras (especialmente Thunderstruck) las tocaron de forma más lenta que en sus versiones originales, pero… ¿a quién le importa? Que las cuerdas vocales de Brian Johnson acusen ligeramente la edad es algo totalmente secundario (y por otra parte comprensible) para quienes de verdad nos gusta la música de uno de los mejores grupos de rock de la historia.

Además de esto, he de decir que, si ya antes del concierto me gustaba su último álbum Black ice, después del mismo no puedo dejar de escucharlo. Ocho años después de su anterior disco y han vuelto a conseguir sacar a la venta un potente y fenomenal disco.

También me gustaría dar las gracias a YouAlbertito, quien ha subido los vídeos aquí presentes a Youtube para el disfrute del personal y muy especialmente mío, ya que están grabados prácticamente desde el mismo lugar desde el que presencié el concierto.

Gracias, AC/DC, oh dioses del rock! (1/2)

Posted in música with tags , on abril 8, 2009 by PezMutanT

Cinco meses. Cinco meses han pasado desde que, allá por noviembre de 2008, se pusiesen a la venta las entradas para los conciertos en España de la gira mundial de AC/DC, toda una leyenda del hard rock imperenne durante más de 30 años, con motivo de su último álbum Black Ice, aparecido durante el otoño del año pasado.

Las entradas, como era de esperar, se agotaron en cuestión de horas (o minutos), por lo que las 3 horas que un servidor estuvo haciendo cola en un cajero no sirvieron sino para conocer a otros fans de la banda australiana y juntos pasar un rato divertido, un rato que sólo para 4 ó 5 de ellos se convirtió en euforia tras la consiguiente escupitina de ciertos pedacitos de papel por parte del cajero.

Por aquel entonces, nuestro país sólo contaba con dos fechas, a saber, Madrid y Barcelona. Muy pronto estas fueron ampliadas con un tercer concierto en Bilbao y, más tarde, con nuevas fechas para el mes de junio. Ni que decir tiene que el reparto de estas nuevas entradas se desarrolló de forma similar, es decir, aleatoriedad pura y dura, miles de fans sin entrada y especulación y reventa por todas partes.

El caso es que, por una cosa o por otra, tuve la suerte de hacerme con una entrada. Yo sólo quería asistir a uno de los conciertos, la ciudad y el tipo de entrada me eran indiferentes… vale, de acuerdo, puestos a elegir habría elegido Bilbao por cercanía y una entrada de pista por aquello de disfrutar el concierto entre las masas y más cerca de la banda… Bueno, pues justamente ESA era la entrada que le sobraba a una amiga de una amiga mía, a la cual he bombardeado con mensajes de agradecimiento desde el sábado y aún así nunca estaré lo suficientemente agradecido.

Este sábado, como decía, toda esta espera llego a su fin. El viaje a Bilbao y el acceso al BEC (Bilbao Exhibition Centre) se hicieron sin ningún tipo de problemas, aglomeraciones o similares. Un diez para la organización e instalaciones del BEC, que tanto a la entrada como a la salida hizo que diera la sensación de que el evento programado para ese día era algo tranquilo y con no mucha asistencia. Pero nada más lejos de la realidad. Al cruzar “al otro lado” y empezar a ver gente comprando camisetas y accesorios de AC/DC, comenzaba a ser palpable un ambiente rockero, que se acentuaba al bajar al nivel inferior y pisar el que iba a ser el suelo de la batalla.

Tras elegir la que sería mi ubicación durante el concierto, era obligatoria una inspección al milímetro del escenario. Tras la batería de los teloneros (The Answer), se dejaba entrever una prometedora plataforma elevada y con escaleras a ambos lados. Mirando hacia arriba y entre un enorme elenco de focos, presidía el recinto una majestuosa campana, icono sabidamente utilizado en los conciertos de la banda. Todo esto quedaba relegado a un segundo plano por la espectacular pasarela que emergía desde el escenario para deleite de los asistentes. Se presagiaba una noche legendaria pero, como se vería más adelante, lo mejor todavía permanecía oculto.

Tras una impaciente espera y con un público que aclamaba la aparición de cualquier técnico de sonido sobre el escenario, se apagaron las luces y dio comienzo el concierto de The Answer. Hay que decir que estuvo muy bien y cumplió perfectamente su cometido, que no era otro que el de ir calentando un poco el ambiente con un buen rock y un concierto no demasiado largo que calmara la inquietud del público.

Y volvió la luz al pabellón. La actuación del artista invitado había finalizado y ya empezaba a aparecer un tangible nerviosismo entre la mayoría de asistentes. Las últimas localidades del BEC se iban ocupando poco a poco mientras una nube de 25 ó 30 personas pertenecientes a la ‘crew‘ aparecía de la nada tanto para desalojar el equipo de los teloneros como para realizar los últimos ajustes del espectáculo principal. El caso es que en cuestión de escasos minutos dejaron todo limpio, hicieron las pertinentes pruebas de todos los instrumentos y volvieron a desaparecer.

A partir de entonces, cada uno de los acordes de guitarra a modo de últimas pruebas de sonido que se dejaban oir de fondo y con poca intensidad se jaleaban como si se tratase del principio de la fiesta. Y no era para menos. Se comentaba que los anteriores conciertos de la gira se habían caracterizado por su puntualidad. El reloj señalaba las 22:00. Era cuestion de segundos…